Casi todas las empresas argentinas ya resolvieron cómo emitir comprobantes electrónicos. Muy pocas resolvieron qué pasa con los que reciben — y ahí es donde se acumulan el riesgo fiscal y las horas perdidas.
Todos resolvieron la mitad del problema

Si facturás en Argentina, ya tenés algo que emite: el facturador de ARCA, tu ERP, un servicio de terceros. Ese lado está cubierto y hace años que funciona.
Ahora hacé el ejercicio inverso. ¿Dónde está la factura que te mandó un proveedor en marzo del año pasado?
La respuesta típica, en este orden:
- En la casilla de correo de alguien de administración.
- En una carpeta del servidor, con nombre
FC_00123.pdf, sin indicar de quién ni de qué. - Impresa en un bibliorato.
- Nadie sabe.
La emisión se automatizó. La recepción sigue siendo un proceso manual sostenido por la memoria de dos o tres personas.
Lo que la ley te pide guardar, y por cuánto tiempo
Acá hay una confusión frecuente que conviene despejar.
El artículo 328 del Código Civil y Comercial establece que los libros, registros y la documentación respaldatoria deben conservarse por diez años — contados desde la última anotación, o desde la fecha del documento en el caso de los comprobantes.
Diez años. No cinco, que es el plazo de prescripción fiscal que muchos tienen en la cabeza.
Y «conservar» no significa solamente que el archivo exista en algún lado. El mismo artículo aclara que la conservación puede hacerse en soporte electrónico siempre que se garantice su autenticidad y su reproducción fiel.
Traducido: un PDF en una carpeta compartida, que cualquiera puede reemplazar, mover o borrar sin dejar rastro, es un cumplimiento frágil. Cuando llega una inspección o un reclamo, lo que se pide no es solo el archivo — es poder demostrar que ese archivo es el original y que no fue alterado.
Esto es un panorama general, no asesoramiento fiscal. Cada situación conviene revisarla con tu contador.
ARCA sube la vara: RG 5866/2026
En agosto de 2026 ARCA actualizó el régimen de factura electrónica con la Resolución General 5866/2026, que entre otras cosas introduce:
- Identificación obligatoria del comprador en operaciones con consumidores finales por encima de determinados montos (DNI, CUIL, CDI o pasaporte).
- La opción de liquidaciones electrónicas mensuales que consolidan varias operaciones de un mismo cliente, con la condición de mantener el detalle registrado.
- Un cronograma sectorial escalonado: aseguradoras desde septiembre de 2026, entidades financieras desde octubre, tarjetas y sistemas de pago desde diciembre, y coaseguros y liquidaciones periódicas desde marzo de 2027.
Fijate el patrón. Cada actualización normativa de los últimos años pide más datos asociados a cada comprobante y más capacidad de demostrar el detalle. Ninguna pide menos.
Una carpeta de PDFs no tiene datos asociados. Tiene nombres de archivo.
El costo que nadie mide
El riesgo fiscal es el argumento que asusta, pero rara vez es el que más cuesta. El que más cuesta es el diario:
- El contador pide un comprobante de hace dos años y alguien pierde media mañana buscándolo.
- Una factura se paga dos veces porque entró por dos vías.
- Un proveedor reclama y no hay forma rápida de reconstruir qué se aprobó, cuándo y quién.
- Se va la persona de administración y con ella el mapa mental de dónde está todo.
Multiplicá eso por la cantidad de comprobantes que entran por mes. Ahí está el número real.
Cómo se resuelve
El cambio conceptual es dejar de tratar la factura como un archivo y empezar a tratarla como un dato con contexto.
El circuito, de punta a punta
En una gestión documental por metadatos —que es como trabaja M-Files— cada comprobante que entra queda descripto por lo que efectivamente es:
- Proveedor, CUIT, tipo y número de comprobante
- Fecha, importe, condición de IVA
- Centro de costo, obra o proyecto
- Estado: recibido, aprobado, pagado, observado
Con eso resuelto, aparecen tres cosas que antes no existían:
Se encuentra por cualquier dato

«Todas las facturas del proveedor X del ejercicio anterior» es una búsqueda, no una excavación.
El circuito se automatiza

La factura llega, se clasifica, se enruta a quien tiene que aprobarla, y avisa si se demora. Nadie tiene que acordarse.
Queda trazabilidad real
Quién la recibió, quién la aprobó, cuándo, y si algo cambió. Que es exactamente lo que el artículo 328 pide cuando habla de autenticidad y reproducción fiel.
Y no requiere migrar nada: M-Files puede indexar los repositorios que ya tenés —carpetas de red, SharePoint, el ERP— sin mover el contenido de lugar.
El punto
La factura electrónica no eliminó el archivo. Lo multiplicó. Antes entraban cien papeles por mes a un bibliorato; ahora entran cien PDFs por mes a una casilla de correo, y el bibliorato al menos tenía un orden físico.
Emitir ya está resuelto en casi todas las empresas argentinas. Recibir, clasificar, aprobar y poder demostrarlo diez años después, casi en ninguna.
¿Funciona con tu sistema actual?
Sí. Se integra con los sistemas que ya usa la administración en Argentina:
Caso típico: empresas con múltiples sucursales que necesitan centralizar la recepción de facturas en la administración central, sin perder de vista de qué sucursal viene cada comprobante.
¿Cómo entran hoy las facturas a tu empresa?
Media hora de charla, sin compromiso. Nos contás cómo circulan tus comprobantes y te decimos si vale la pena automatizarlo — o si con ordenar el circuito actual alcanza.
Fuentes: Código Civil y Comercial de la Nación, art. 328 (conservación de libros y documentación); ARCA, Resolución General 5866/2026 (régimen de factura electrónica).
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